Si me callé, fué porque no había nada que decir. Si te miraba tan detenidamente es porque buscaba encontrarme con tu mirada y sentir esa magia que nos atrajo en un principio, pero ya no estaba. Si no sabía que sentía y mis pensamientos quedaban en la nada, es porque comencé a sentir el frío y la indiferencia que había y que no lograba disiparse en mi compañía. Si ya ni siquiera dije adiós, nos escribimos, sí, ni sonreía y me alejé del auto sin despedirme es porque en cada despedida queda el dolor y casi un pacto seguro de volver a vernos. Si me fuí deprisa y sin demoras es porque entendí que ya no había nada que mirar, porque contigo vivía en un pasado, que a tu lado no hay futuro. Y yo elijo avanzar, ya no vivir del pasado, dejarte atrás. Hoy soy yo la que se quiere marchar...
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